Malvinas 1982: La epopeya del “Sobral”

Malvinas 1982: La epopeya del “Sobral”

El ARA “Alférez Sobral” (A-9) es un aviso de la Armada Argentina que perteneció a la Marina de Estados Unidos, participando durante la Segunda Guerra Mundial bajo el nombre de USS “Salish” (ATA-187). Fue recibido por nuestro país en 1972.

La embarcación, cuya misión principal es la de llevar a cabo tareas auxiliares como remolques, balizamientos y apoyo a otras unidades de superficie, debe su nombre al Alférez José María Sobral (1880-1961), marino y geólogo, que en 1903 se convirtió en el primer argentino en invernar en la Antártida.

En el marco de la Guerra de Malvinas, el 27 de marzo, su entonces Comandante, Capitán de Corbeta Sergio Raúl Gómez Roca, recibió la orden de convocar al personal, alistar el buque y zarpar de inmediato de la Base Naval Puerto Belgrano, arribando el 1 de abril a Río Gallegos.

A los pocos días recibieron la orden de dirigirse a Puerto Deseado para reabastecimiento y destacarse inmediatamente hacia las Islas Malvinas. El 17 de abril, el “Sobral” llegó a la posición asignada.

Casi medio mes después, el 1 de mayo, se produjo el derribo de un avión Camberra de la Fuerza Aérea Argentina, a 100 millas náuticas (185 km) al Norte del Estrecho de San Carlos, por lo que el aviso fue destacado para efectuar la búsqueda y rescate de los dos tripulantes de la aeronave.

La decisión del Comandante de internarse en una zona controlada por el enemigo fue avalada por toda la dotación, aun sabiendo que las posibilidades de salir indemnes eran casi nulas, teniendo en cuenta que en el sector operaban entre ocho y nueve barcos enemigos, incluido un portaviones, y que no podrían recibir ayuda naval ni cobertura aérea.

En la medianoche del 2 de mayo, el “Sobral” fue sobrevolado y descubierto por un helicóptero enemigo, por lo que el buque abrió fuego con su cañón Bofors de 40 mm y las ametralladoras Oerlikon de 20 mm. El helicóptero enemigo a su vez disparó dos misiles, impactando uno en la lancha del buque e hiriendo a varios tripulantes.

El Capitán Gómez Roca, al observar que los ataques se producían con misiles y que el lugar de mayor riesgo era la superestructura y el puente de comando, ordenó desalojar las cubiertas superiores y los sectores más expuestos, quedando en el puente solamente él y los tripulantes indispensables para conducir el buque.

Esta difícil y heroica decisión significaría luego la preservación de la vida de muchos de sus hombres, pero también su propia muerte en acción. El enemigo atacó nuevamente a las 01.20 horas del 3 de mayo, impactando un misil de lleno en el puente de comando, destruyéndolo totalmente junto al cuarto de radio. Allí, además del Capitán Gómez Roca, ofrecieron y perdieron sus vidas por el deber de defender la Patria otros siete marinos: el Guardiamarina Claudio Olivieri; el Cabo Principal Mario Alancay; los Cabos Segundos Daniel Tonina, Sergio Medina y Ernesto del Monte; el Conscripto Roberto D’errico y el Marinero Héctor Dufrechou.

A partir de ese momento se hizo cargo de la embarcación el Segundo Comandante, Teniente de Navío Sergio Bazán, encontrándose la misma con el timón fuera de servicio, el puente con todo el instrumental, cartas y elementos de navegación destruidos; la radio destruida, un incendio a bordo, ocho bajas y ocho heridos, personal con heridas menores y la probabilidad de recibir nuevos ataques.

Dominado el incendio y reparado el timón, se emprendió el regreso al continente con todo el personal bajo cubierta, ya que no quedaban armas en condiciones de uso, presentando el interior del buque un estado realmente precario: la energía había sido cortada al igual que la calefacción, no había comida caliente y estaba todo mojado, por lo que el frío se hacía sentir con crudeza.

En ese contexto, tuvo lugar un hecho realmente emotivo que fue el izado de la Bandera de Guerra Argentina en el brazo de grúa de popa, reemplazando al pabellón que ondeaba en el palo y que había sido derribado en el ataque.

Ese hecho dio muestras sobradas del temple, la actitud y el heroísmo de la toda dotación del buque, tanto de aquellos que ofrendaron su vida como así también de los sobrevivientes; respondiendo en las circunstancias más extremas con idoneidad profesional, disciplina y valor.

La costa de Puerto Deseado fue ansiosamente avistada el 5 de mayo y pudieron atracar esa misma noche, siendo recibidos como los héroes que eran. En esa ciudad se le hicieron unos arreglos para que pudiera navegar, incluyendo un puente abierto para el comando, y emprendió su navegación hacia la Base Naval Puerto Belgrano. El aviso arribó el 23 de mayo, y el personal del Arsenal Naval y la dotación reconstruyeron su puente de comando. El “Sobral”, orgulloso sobreviviente de la guerra, continuó sirviendo en la Armada hasta nuestros días, con asiento en la Base Naval Mar del Plata.

Fuente: Gaceta Digital