Pehuen Co: el arte de darle nueva vida a los animales extintos

Pehuen Co: el arte de darle nueva vida a los animales extintos

Intentó con Geología en la Universidad Nacional del Sur, pero lo volvían loco los dinosaurios, así que se dedicó a la paleontología. Y escarbando durante décadas descubrió que su pasión pasaba más por el arte.

“Soy paleoartista”, dice Santiago Jara (55 años), uno de los padres de las criaturas prehistóricas que habitan la plaza Carrasco de Pehuen Co. Junto con Fernando Cárdenas trabajaron dándole vida al imponente megaterio de 7 metros, al gliptodonte del tamaño de un fitito, la macrauquenia y el fabuloso notiomastondon del Parque de Interpretación Paleontológica.

Santiago, escultor de un mundo perdido que dejó huellas, asegura que “este arte tiene una base paleontológica muy sólida y se busca respetar la fisonomía del hueso”.

Su disciplina combina arte y ciencia para reconstruir criaturas que habitaron el planeta hace millones de años.

Nacido en Bahía Blanca, se dedica a la paleontología desde los 15 años, cuando viajaba a Zapala para quedarse unos meses a trabajar en el Museo Olsacher, reconocido en Sudamérica por los invertebrados. “Caminaba por la calle y veía fósiles de amonites incrustados en las piedras lajas”, recuerda de su paso por esa ciudad neuquina.

También trabajó en Sierra de la Ventana, Monte Hermoso, Pehuen Co y Chasicó, estudió una tecnicatura en Paleontología, hizo un máster internacional en Dirección y Gestión museológica, pero desde hace unos 14 años se dedica al paleoarte.

“La relación con el arte se genera de estar muy metido con el tema. Yo siempre fui herrero, me gustaban los fierros, que son el corazón de estas esculturas. Y como conozco los huesos, el arte sale solo”, cuenta.

Basta de dinosaurios

La primera réplica en la que trabajó fue un imponente esqueleto de Mapusaurus roseae de 13 metros, “primo hermano del giganotosaurio; se encontró en Neuquén y fue encargado por el Museo Nacional de Japón en 2009”, detalla.

Pero se cansó de los saurios. “Fue una época —dice—. Son más fáciles de hacer porque no sabemos cómo eran y hay mucha invención”. Ahora prefiere los megamamíferos como los de Pehuen: “Son la figurita difícil y un desafío. Con los mamíferos prehistóricos no podés inventar porque tienen representantes actuales”.

Su preferido es el notiomastodon que se presentó en febrero en Pehuen Co, “por el tamaño espectacular, el tallado y los detalles”.

Las figuras ya no se hacen con yeso o telgopor como antes. La disciplina fue cambiando y ahora usan plasticera para los originales, moldes de caucho, poliuretano y resina.

“Un trabajo así arranca con una maqueta a escala —explica Santiago—. Por dentro lleva hierro revestido de tela y poliuretano. La piel, el pelo, las garras, las órbitas de los ojos y todos los detalles se tallan a mano; luego va la resina, se pinta y se arma en el sitio.”

Lo último que le encargaron fue la primera representación paleontológica del animal más arisco del planeta, una especie desconocida de pichiciego (armadillo o mulita) de hace 3 millones de años, descubierta en los 70 por el creador del Museo de Monte Hermoso, Vicente Di Martino. “Fue nombrado Chlamyphractus dimartinoi, en su homenaje, y para mí fue muy importante hacer estas piezas, porque Vicente era mi amigo”, concluye Santiago.

Fuente: La Nueva