Un ejemplo de resiliencia de un emprendimiento de una familia local

Un ejemplo de resiliencia de un emprendimiento de una familia local

“Trabajar en familia puede ser difícil, pero no hay nada más lindo”, dice Brenda Cereijo, 32 años, encargada de una tradicional parrilla en Humberto y Mitre, que cerró por la pandemia, pero logró reinventarse.

   “Aunque a veces haya encontronazos y chispazos por estar las 24 horas juntos, todos tiramos para el mismo lado”, agrega Brenda, al tiempo que reconoce que la contención mutua de ese vínculo primordial es la que ayuda a enfrentar tantos golpes como los de los últimos meses a causa de la emergencia sanitaria.

   Son muchos los emprendimientos locales que quedaron afectados por la cuarentena y solo pudieron salir adelante los que lograron adaptarse o reinventarse; algunos, de la mano de las redes sociales. Pero en el rubro gastronómico, ni la panza se llena con likes, ni las cuentas se pagan con corazoncitos.

   Es así que el camino de la adaptación fue muy duro para los Cereijo, que en los primeros meses del cierre total recurrieron al servicio de delivery; más tarde pudieron abrir con pocos comensales, muchos protocolos y más costos de inversión en medidas de higiene. Nada pudo evitar que en diciembre pasado tuvieran que cerrar después de 10 años en aquella esquina puntaltense.

   “Eran muchas las restricciones. Abrimos, pero la gente estaba muy asustada y no salía y teníamos muchas cuentas por pagar. Nosotros vivimos de la parrilla. La decisión se tomó en familia y fue una tristeza grande; pero cuando se cierra una puerta, se abre otra”, asegura Brenda.

Reconocimiento

   La parrilla abrió en noviembre de 2010. José, padre de Brenda y asador de toda la vida, la recibió como parte de una indemnización. Fue un gran desafío porque no tenían demasiada experiencia en el rubro gastronómico: “Con mi mamá hacíamos mesas dulces y tortas —cuenta— y una de mis hermanas ya había trabajado de moza, pero nada más”. 

   En esos 10 años cosecharon muchos clientes que se hicieron casi como de la familia y que en las malas aparecieron con una palabra de aliento e incluso ofreciendo una mano. Brenda no recuerda haber pasado momentos como los que dejó el 2020: “Tuvimos años más flojos que otros, pero nada como esto. Y nadie del Municipio nos apoyó. La gente, los clientes, sí”.

   Fue en diciembre, apenas habían cerrado, que el emprendimiento familiar recibió “un mimo al alma”: Brenda fue elegida como finalista en la categoría Empresa Resiliente, de la quinta edición del premio Mujer Empresaria Bonaerense 2020, que entrega la Federación Económica de la Provincia (FEBA), a través de su rama Mujeres Empresarias (ME-FEBA).

   Fue la Unión del Comercio, la Industria y el Agro de Punta Alta quien la invitó a contar la historia de la parrilla y las vicisitudes que atravesaron durante los meses de pandemia, desde el cierre total hasta la apertura gradual.

   “Pensé que no iba a pasar más nada y a las 2 semanas me llamaron de Buenos Aires para decirme que era una de las ternadas del premio. Fue un momento buenísimo para toda la familia, porque veníamos muy golpeados. Sentí que alguien nos reconocía por algo”, confiesa.

   Hubo más de 100 participantes y 57 finalistas. En su categoría, Brenda compitió con otras 12 empresarias de Zárate, Junín, José León Suárez. Colón, Mar del Plata, Lanús, Valentín Alsina, Bahía Blanca, La Matanza, Florencio Varela, Pilar, Castelar, Mercedes, San Martín y Arenales. Todas, mujeres que tuvieron que adaptar sus emprendimientos al nuevo contexto, teniendo en cuenta las nuevas formas de consumo, modificando sus plataformas digitales o generando nuevos espacios para la difusión y comercialización.

   La gala de nominación fue virtual, vía Zoom y en directo por Youtube. La categoría la ganó una mujer de 83 años, de Mercedes, con una historia muy fuerte de superación.

   “Escuchar las palabras del jurado y de gente que sabe fue buenísimo. Les llamó la atención que fuéramos un grupo familiar y cómo tuvimos que reinventarnos para salir adelante y a pesar de los esfuerzos tuvimos que cerrar. Fue el aliento y halago de gente que sabe, eso nos motivó a seguir.

Un nuevo horizonte

   En medio del cierre y la nominación a los premios, a los Cereijo les llegó un llamado. Era la gente del Club Náutico de Villa del Mar, que sabía que habían cerrado, para proponerles que se encargaran del servicio de cantina para los socios de la pileta durante el día, y que después de las 21 pudieran atender a todo el público.

   “Seguimos. Remándola en familia. De a poco, la gente está saliendo más. Nosotros cumplimos los protocolos, la exigencia del barbijo, el distanciamiento social y las restricciones de no más de 10 personas en una mesa. Nadie lo toma a mal”, relata.

   Ahora, la meta está puesta en alquilar otro lugar para volver a abrir la parrilla y comenzar de nuevo. Eso es un ejemplo de resiliencia.

   “El apoyo de la gente está al pie del cañón, y en un tiempo nos vamos volver a ver”, afirma esperanzada.

 

 

 

 

Fuente: La Nueva

Fotos: Rolando Ramos