Nudo a Nudo no deja de soñar con su espacio propio

Nudo a Nudo no deja de soñar con su espacio propio

La situación no es la mejor. Es más, se presenta cada vez más complicada, según las referentes del Merendero Nudo a Nudo, quienes, a pesar de ello, no bajan los brazos y siguen trabajando para aquellos que lo necesitan, al tiempo que se capacitan para dar respuestas paliativas a las diferentes realidades.

La organización funciona en un local cedido por la Sociedad de Fomento de Barrio Laura, en Dufourq 2161, pero sus integrantes mantienen vigente el sueño, desde que se inició la actividad, hace 12 años, de contar con su espacio propio.

Rocío Zamora, miembro del centro barrial, expresó que "las situaciones son cada vez más difíciles. Nosotros las acompañamos porque son parte de la vida cotidiana y nos vamos encontrando con cuestiones diversas: soledad, no tener para comer, quedarse sin trabajo, mamás solas con sus hijos, situaciones de violencia, consumo en los jóvenes que nos alerta y por lo que buscamos cosas para que ellos puedan hacer"

"Son todas cuestiones que siempre estuvieron pero que hoy se pueden ver más latentes, también porque nosotras como referentes vamos creciendo y nos damos cuenta que podemos acompañar esas realidades", añadió.

Mencionó que "hoy a todo lo que tiene que ver con salud mental, violencia y demás, se le agrega que no hay comida, que hay una crisis, que la gente no tiene trabajo, que las 'changas' son cada vez menos. En este barrio, muchas personas se sustentan con trabajos de albañilería, corte del pasto y el basural".

"Para las complicaciones, nos vamos acompañando entre nosotras y nos formamos también en la Familia Hogar de Cristo que hace talleres. A veces se hace difícil porque los temas los conocemos y otras veces no y tenemos que aprender".

En ese sentido, consideró que "está en la charla, en encontrarnos, en poner en discusión lo que está pasando para ver qué solución podemos dar. Aunque sea la mejor profesional, si no te podés encontrar con el otro, es muy difícil poder acompañar".

"Tenemos siempre presente -continuó Rocío- que nadie se salva solo y que nosotros no podemos salvar a nadie, sino que acompañamos".

"Nos pasa a todos. Nuestra vida no está solucionada. Y vivimos con dolores y afrontamos la vida con situaciones complicadas y es importante estar acompañados", agregó.

Acompañamiento

Ante un chico con problemas, las referentes coincidieron en que "es complicado y nos atraviesa a todos. Nosotros los queremos a los chicos, es doloroso y angustiante, pero entendemos que todavía hay esperanzas, más allá del panorama, y eso nos motiva a seguir trabajando, ante la circunstancia que sea".

"Cada uno aporta lo que puede y tenemos un equipo conformado por psicóloga y trabajadora social, quienes acompañan desde su profesión y corazón. Además hacemos reuniones mensuales para organizarnos y tomar decisiones que sumen y alivien un poco el dolor".

Hay chicos que asisten desde que Nudo a Nudo se creó y el espacio lo usan como si fuera de ellos, arman 'comunidad'. Para algunos es un lugar de paso y para otros un lugar para crecer.

Rocío agregó que "sé que el contexto no es el mejor para pedir, aunque nuestro sueño es tener un lugar propio. Hace 12 años que estamos en el barrio, funcionamos en la Sociedad de Fomento, pero la realidad es que ya nos queda chico y además la esencia del grupo es tener su propio lugar".

También dijo que reciben donaciones de víveres y alimentos frescos, además de recursos mediante una cuenta de Mercado Pago: alias nudo.anudo, con el nombre de Lucía Juárez.

En tanto Soledad Santana suele estar a cargo de la cocina, los sábados, y de la merienda, cuando se puede elaborar.

"Es difícil porque los insumos cada vez cuestan más y las donaciones son mínimas. A veces ponemos de nuestro bolsillo para que los chicos tengan para sus alimentos. Hay que hacer magia. Hacemos fideos o arroz con tuco, es lo que más comen; guisos y cuando se puede puré con algo más".

Por su parte, Carina Mighera, también referente, sostuvo que el almuerzo es sábado por medio y todos los días la merienda.

"Es un espacio de reunión, juegan al fútbol, hay entretenimientos de mesa, hacen talleres, rapean y escuchan música. Compramos un parlante haciendo ferias. Allí la gente colaboró".

Otro testimonio fue el de Eliana Cabrera, quien dijo que "se están sumando chicos, sobre todo a la tarde. Un poco por el clima y otro poco por las necesidades de las familias. Hay unos 30 niños y concurren también adolescentes, con lo cual se suman más de 60 menores en total".

Comentó que durante la semana, se dictan talleres que se dividen por edades y se plantean de acuerdo a los intereses de cada uno. Hay murga, apoyo escolar y espacio de jóvenes para mayores de 14. Para mayores de 18, expuso que existe un espacio de escucha los viernes, con psicólogos, trabajadora social y madres. Además, funciona el CENS para culminar los estudios secundarios.

Mientras, Julieta Rivas manifestó que "el merendero es un espacio donde se recepcionan los problemas de las familias".

"Los chicos se sienten acompañados, escuchados y pueden traer sus preocupaciones. Las familias hacen lo mismo", comentó Julieta en coincidencia con las palabras de Rocío Zamora.

Fuente La Nueva