Perros Detectores K9: El nuevo grupo de búsqueda que se afianza en la ciudad

Perros Detectores K9: El nuevo grupo de búsqueda que se afianza en la ciudad

Punta Alta y la región cuentan con una nueva agrupación canina dedicada a la búsqueda y localización de personas desaparecidas. Se trata de Perros Detectores K9, que se consolida a través de un trabajo sostenido de la capacitación constante y ayuda a la comunidad.

   El grupo está encabezado por Lucas Maciel (38, adiestrador canino e instructor) y se completa con Claudia Camejo, Loreley Sieben, Joel Carabajal, Bárbara Guerra, Mariela Ponce, Gabriel Fernández y Ezequiel Maturano, todos certificados internacionalmente.

   Aunque los protagonistas son Alfa, Ástor, Athos, Kira, Lak, Luna, Tika y Uma, la más veterana. Cinco de ellos son perros especializados en la búsqueda de rastro específico, dos en la detección de restos humanos y uno tiene ambas capacidades.

En su corto período de funcionamiento ya participaron de varias búsquedas, como el resonante caso de Facundo Astudillo Castro, cuyo cuerpo fue hallado en agosto pasado.

   Uma es la más veterana y contribuyó en el caso del “Clan Benítez”, una familia que tenía secuestradas a dos mujeres en el barrio Latino de Bahía Blanca, y también en el caso Facundo.

   “Llevamos 6 años en el rubro, nos capacitamos y a la vez damos capacitaciones a unidades de bomberos de pueblos de la zona, como Villa Maza y Carhué, que están formando sus propias unidades K9”, cuenta Maciel, que antes integró la Brigada K9 de los Bomberos Voluntarios de Punta Alta.

Sin sede propia aún, se adiestran en distintos entornos de la ciudad y la región, lo que les permite manejarse en diferentes ámbitos y escenarios.

   “Lo más importante es el vínculo entre el guía y el perro —revela Maciel—. Tenerlos en caniles ya no es conveniente. Lo ideal es que el animal sea parte de tu familia; mejor lazo que ese no existe. El adiestramiento se basa en una relación en la que el animal espera tu aprobación todo el tiempo. Es como cuando te sacabas un 10 en la escuela y se lo mostrabas a tus padres para que te felicitaran. Él busca todo el tiempo tu visto bueno y la recompensa, que puede ser una galletita o un juguete. Su necesidad de agradarle al humano es genética”. 

   Explica que en esa relación, el guía también aprende, porque en una búsqueda el perro se manifiesta con movimientos corporales que hay que saber interpretar: “Lo mejor es que nos conozcamos como a la palma de la mano”.

—¿Cómo trabajan los perros detectores?

   “Con el olfato, algo en lo que son muy diferentes a nosotros. Uno puede decir, qué rico olor a pollo al disco, pero el perro puede percibir pollo, cebolla, salsa de tomate, arvejas y cada ingrediente. Es una capacidad innata”.

   —¿Y se puede mejorar esa capacidad?

   “Así como los humanos aprendimos en el jardín de infantes a distinguir el color verde, y a medida que crecimos ya pudimos determinar verde agua, verde oliva o verde oscuro, el perro también aprende a discriminar cualquier tipo de aroma. Nosotros entrenamos esos matices”.

    —¿Cómo es el procedimiento en una búsqueda?

   “Cuando nos convocan la policía o fiscalía, se mapea la zona para ubicar puntos claves donde puede estar la persona desaparecida, como la escuela, casas de amistades y zonas donde pueda moverse”.

   “Una vez hecho el mapeo, vamos al domicilio de la persona desaparecida y levantamos su olor de alguna prenda o pertenencia que haya usado últimamente, y se la guarda en una bolsa con cierre hermético en presencia de testigos y con una cadena de custodia de ese objeto. Lo que sigue es buscar el último punto de avistaje de la persona por medio de testimonios o de cámaras de seguridad.”

   “Siempre insistimos en que a la hora de que falte una persona nos convoquen lo antes posible; cuanto menos tiempo tardemos, menos se pierde el olor de la persona en el terreno”.

  —¿Cuánto cuesta mantener un perro así?

   “¡Mucho! Es como tener un súper deportista, porque tiene que tener una comida excelente, una revisación veterinaria mensual y todas las vacunas al día. Es algo en lo que nunca hay que escatimar gastos. La agrupación se mantiene de nuestros bolsillos.

   “Esto es una forma de vida y modifica a toda la familia, que pasa a girar en torno a un perro funcional a la sociedad. El solo hecho de ir a la casa de una familia desesperada y que toda la responsabilidad de que aparezca recae en vos me movió el piso”, cuenta Maciel.

Fuente: La Nueva